Curiosidades

20 casos de asesinos seriales en México

Imagen: shutterstock.com
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Los asesinos seriales son aquellas personas que cometen sus delitos con el mismo modus operandi (la manera en que mata) y en repetidas ocasiones. Para que sea considerado en serie, tuvo que cometer tres o más muertes en un lapso de treinta días. A continuación te presento los 20 casos más sonados de asesinos seriales que ha tenido México.

– Abdel Latif Sharif, alias “El depredador de Ciudad Juárez”
Químico sobresaliente, nacido en 1947 en Egipto viajó en 1970 a Estados Unidos donde vivió 21 años para trabajar en una empresa de cosméticos, además de ser maestro de universidad y preparatoria. Fue acusado en diversas ocasiones de violar y secuestrar a sus esposas, parejas sentimentales y trabajadoras sexuales, por lo que es expulsado.

En México, los feminicidios ya eran una problemática, así que, se dice, las autoridades de este país aprovecharon la primera agresión del egipcio y su historial en E. U para responsabilizarlo de los asesinatos.

Abdel Latif Sharif fue acusado de 20 asesinatos a mujeres que seducía para tener relaciones sexuales con ellas y después las golpeaba hasta matarlas, aunque el acusado sólo aceptó haber cometido uno de los delitos. Se le culpó de ser el jefe de la banda “Los Rebeldes”, a quienes presuntamente ordenaba matar a las víctimas cuando él estaba en la cárcel. Murió el 2 de junio de 2006 a los 59 años de cirrosis y fue sepultado en México.

-Sergio Armendáriz Díaz, Juan Contreras Jurado, Carlos Barrientos Vidales, Luis Andrade y José Juárez Reyes Rosales, “Los Rebeldes”
Son una banda de asesinos seriales a quienes se les comprobaron 8 homicidios, aunque se especula que pudieron ser 14. Operaban entre 1995 y 1996 por lo que se les vinculó con Abdel Latif Sharif, aunque no se confirmó nada.

La manera de actuar de esta banda era violar a jóvenes y después torturarlas hasta la muerte.

-Agustín Salas del Valle, alias “Jack, el estrangulador”
Este estudiante de contaduría nació en 1964, presuntamente comenzó a asesinar a mujeres en 1989 a la edad de 29 años, todas, en los alrededores del centro de la Ciudad de México.

Sus víctimas fueron 20 mujeres de 20 a 40 años, la mayoría de ellas, trabajadoras sexuales de quienes contrataba sus servicios, rentaba una habitación de hotel y una vez adentro las violaba, golpeaba y estrangulaba con prendas propias o de la víctima, cortinas o cables de aparatos; después las envolvía en las cobijas para ocultarlas debajo de la cama.

El 6 de abril de 1993 se reportó el asesinato más sanguinario: una trabajadora sexual fue violada, apuñalada y estrangulada con una corbata; el corazón le fue extraído y la víctima fue extendida sobre la cama con las sábanas sobre ella.

-Angel Maturino Resendiz, alias “Railroad killer” (el asesino de las vías)
Nacido en Puebla, este hombre cruzó ilegalmente la frontera de Estados Unidos a los 16 años, más tarde fue arrestado por asalto, robo y posesión de armas.

Los asesinatos consistían en entrar a la casa de personas que vivían cerca de las vías de algún tren y aprovechar la soledad de los lugares para robar cosas; cuando era sorprendido por los dueños, Maturino Resendiz utilizaba cualquier objeto para golpear la cabeza de la víctima hasta que ésta muriera. Fue el autor de al menos 13 asesinatos que no distinguían sexo, edad u ocupación.

Robaba los carros de sus víctimas para escapar, fue así como encontraron sus huellas dactilares, sin embargo, en 1985, a los 46 años de edad, se entregó a la policía y le fue aplicada la inyección letal, pues las pruebas realizadas indicaron que no tenía ninguna enfermedad mental.

-César Armando Librado Legorreta, alias “El Coqueto”
Hombre que nació en 1981 y que vivía en Tultitlán, Estado de México, era chofer de transporte público fue acusado de seis violaciones y asesinatos a pasajeras que iban de Metro Chapultepec a Periférico Norte abordaban a altas horas de la noche.

Librado Legorreta fingía que el camión tenía averías y pedía al pasaje bajar de la unidad, excepto a su víctima, de quien se ganaba la confianza y ofrecía llevar a su casa cuando el camión estuviera “reparado”. Cuando ya no había nadie, el agresor violaba y asesinaba a mujeres que estuvieron entre los 16 y los 34 años de edad. Finalmente aventaba los cuerpos a terrenos baldío o a canales de aguas negras.

En marzo de 2012 fue detenido, pero con ayuda de los celadores, El Coqueto se fugó. Fue hasta diciembre del mismo año que fue recapturado para cumplir una pena de 240 años de prisión.

-David Avendaño Ballina, alias “El Hamburguesa”
Más que asesino serial, El Hamburguesa era líder de la banda de “Las goteras”, un grupo de trabajadoras sexuales que ofrecían bebidas adulteradas a sus clientes con el fin de robarle su dinero, pero muchos de ellos murieron; se tiene el registro de al menos 70 asesinatos, más los hombres que sobrevivieron pero no denunciaron por vergüenza.

Las mujeres eran contratadas y llevaban a la víctima a algún hotel de la Ciudad de México, ahí utilizaban medicamento oftálmico en gotas (de ahí el nombre de la banda) mezclado con vodka o tequila. Cuando la víctima se terminaba la bebida, comenzaba a sentir mareos, perdía la consciencia y finalmente moría.

-Delfina, María de Jesús, Carmen y Eva González Valenzuela, “Las Poquianchis”
En la década de 1930, cuatro hermanas originarias de Jalisco sufrían maltrato por parte de Isidro González, su padre. Al morir éste, Delfina puso un negocio como cantina que poco a poco ejercía la prostitución y en el que sus hermanas ayudaban, ésto, de 1945 a 1954.

Quienes trabajaban para “Las poquianchis” eran jóvenes y menores de edad a las que prometían trabajo del hogar, pero eran esclavizadas en el trabajo sexual y cuando alguna quedaba embarazada, provocaban el aborto, donde además de los fetos, las mujeres también morían. Sus cuerpos eran sepultados clandestinamente.

Las víctimas, entre los que también estuvieron clientes, es oficialmente de 91, pero se cree que pueden ser al rededor de 150, por lo que recibieron 40 años de prisión.

-José Francisco Granados y Edgar Álvarez Cruz, “Los feminicidas del campo algodonero”
Con el propósito de hacer rituales satánicos, estos dos hombres nacidos en Ciudad Juárez, México, violaron y asesinaron a 14 mujeres entre 1993 y 2003, los restos de las víctimas fueron enterrados en un campo algodonero de la ciudad. También cometieron parte de sus crímenes en El Paso, Texas.

Edgar Álvarez Cruz era cómplice de Granados, quien tenía antecedentes en Estados Unidos por posesión de drogas, ya que era sumamente adicto a la cocaína.

-Felícitas Sánchez Aguillón, “La trituradora de angelitos”
Durante la época porfirista Felícitas Sánchez Aguillón era una enfermera de la colonia Roma que atendía abortos en cualquier semana de gestación, incluso, una vez que los bebés habían nacido, ella los compraba para venderlos, pero aquellos niños que no lograba vender, eran mutilados, asesinados, y quemados; los restos los desechaba por las cañerías de su departamento.

El 8 de abril de 1941 se reportaron tuberías tapadas y al desprender el piso para cambiarlas, los restos de los bebés, gasas y algodones fueron descubiertos. El 11 de abril Felícitas es capturada pero fue liberada bajo fianza.

-Fernando Hernández Leyva, alias “Pancho López”
Asesino por placer, a este hombre se le culpa de cometer 137 asesinatos en Morelos, Colima, Guanajuato, Michoacán y la Ciudad de México, aunque él dice que la cifra real es de 33. En 1986 fue capturado pero se fugó en dos veces y al ser recapturado quiso suicidarse, sin embargo, la cuerda no soportó su peso. Actualmente cumple su condena de 60 años en el reclusorio de La Palma.

-Francisco Guerrero Pérez, “El chalequero”
Considerado el primer asesino serial varón en México, este hombre vivía en la ciudad, padecía de sus facultades mentales, situación que lo llevó a asesinar entre 11 y 15 mujeres en la época porfiriana.

Apodado así por su forma de vestir, contrataba trabajadoras sexuales, una vez que aceptaban ir con él, Guerrero Pérez las violaba, apuñalaba y degollaba. Al terminar, abandonaba los cuerpos en los alrededores del Río Consulado.

En 1988 fue detenido y condenado a pena de muerte, sin embargo, el presidente Díaz le dio sentencia de 20 años de cárcel, por lo que en 1904 quedó en libertad.

-Gabriel Garza Hoth, alias “El viudo negro”
En 1997 fue acusado de asesinar a tres mujeres en la Ciudad de México para cobrar su seguro de vida. Una de ellas era su esposa y otras dos fueron sus novias en momentos diferentes. Se le asignaron 41 años años de prisión, sin embargo, en 2007 dijo que todo había sido una trampa pues los expedientes se contradicen, carecen de firmas y no se analizan todas las pruebas.

-Ignacio Flores Montiel, “El general”
Más que asesino fue un torturador para que la gente confesara lo que él quería. El estado de Chiapas lo vio actuar: mandó a asesinar gente para robarles dinero, mando a matar periodistas y se dice que también a personas homosexuales; aunque públicamente dijo hacer algo para solucionar los asesinatos a gays y lesbianas, grupos activistas señalaron que él daba las órdenes.

Sus castigos consistían en sumergir en tambos de orina o excremento a las personas, cubría sus caras con trapos o bolsas húmedas de chile, tehuacanazos, toques eléctricos en testículos y ano, etc. El castigo final, la muerte. El comandante de la policía de Chiapas mató al menos a 10 personas.

-José Ortiz Múñoz, “El sapo”
Este asesino era un militar que se encargaba de sus víctimas con machete o cuchillo; se calcula que el número de asesinatos cometidos son más de 100 cuando tenía entre 20 y 40 años. Lograron encarcelarlo pero dentro de la prisión de Lecumberri asesinó a más personas, por lo que fue llevado a las Islas Marías para matarlo. Sus víctimas no tenían distinción de sexo o edad.

-Juana Barraza Samperio, “La mataviejitas”
Violada por tres hombres a la vez cuando era niña, en 2003 La Mataviejitas desarrolló su conducta criminal entrando a la casa de personas de la tercera edad que vivían solas, con el argumento de ser enfermera y revisar su salud, luego las golpeaba, las hería con cuchillo o navaja y las estrangulaba para después robar sus pertenencias.

El 31 de marzo de 2008 fue sentenciada a 759 años de prisión por 17 homicidios.

-Rodolfo Fierro, “El carnicero”
Nacido en El Fuerte, Sinaloa, fue mano derecha de Francisco Villa y durante la Revolución Mexicana dio muerte a más de 300 hombres. Antes de unirse a la guerra había trabajado sólo como garrotero y ferrocarrilero, pero muchos hombres le temían por su sádica manera de matar.

-Magdalena Solís, “La gran sacerdotisa de la sangre”
Acompañada de su hermano, Eleazar Solís, en 1963 engañaron a comunidades de Monterrey diciéndoles que eran dioses, por lo que debían pagarles un tributo sexual, económico y con la muerte. Se supo de 8 asesinatos oficiales pero se calcula que hayan sido 15. A los hermanos Solís se les unieron Santos y Cayetano Hernández, que participaban en las orgías donde participaban los 4 y gente de las comunidades.

-Guadalupe Martínez de Bejarano, “La temible Bejarano”
Responsable de la tortura y muerte de tres niñas a quienes convencía de ir a su casa para ofrecerles trabajo, al llegar las quemaba con hierro ardiente los pies y los genitales, colgaba por las manos desde el techo. Las torturaba hasta la muerte.

Considerada la primera asesina en serie mexicana, actuaba por mero placer. La primera vez que lo hiso fue llevada a la cárcel, en 1878, pero al salir tuvo otras dos víctimas que eran hermanas. Cuando se supieron los últimos dos asesinatos fue condenada sólo a 10 años, 8 meses en cárcel.

-Víctor Javier García Uribe, “El cerillo” y Gustavo González, “El foca”
Asesinos seriales de Ciudad Juárez, estos dos camioneros confesaron la violación y asesinato a 8 mujeres entre 13 y 22 años en 1993, después tiraron los cuerpos en los campos algodoneros.

Por otras parte, en 2001 fueron torturados para decir la verdad; se comenta que les quemaron los genitales y otras partes del cuerpo hasta que dijeron ser los autores de los otros 257 casos de  feminicidio.

-Tadeo Fulgencio Mejía
El último asesino es más una leyenda no comprobada que dice que un ingeniero y su esposa vivían en la mansión del Marqués de San Clemente, que data del siglo XVIII. Una noche, una banda de delincuentes entró a la mansión a robar, pero fallaron y mataron a la esposa de Fulgencio Mejía de una puñalada por la espalda.

La muerte de su esposa fue tan dolorosa para el ingeniero que acudió con una bruja para saber cómo podía comunicarse con la difunta, a lo que la bruja le respondió que la única manera de hacerlo era pagando tributo con la vida de jóvenes que debían ser quemados.

Se cree que está historia es verídica pues se encuentran restos humanos en la mansión.

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