Teatro

“Una ciudad flotante” cierra temporada en la Sala Novo

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Ayer por la noche se llevó a cabo la última función de temporada de Una ciudad flotante, una adaptación del monólogo escrito por Alessandro Baricco, Novecento, publicado en 1994 y que se convirtió en una obra dirigida por Enrique Avilés, en la que también compartió escenario con Dulce Zamarripa los días jueves desde el 2 de junio en la Sala Novo del teatro La Capilla.

Una ciudad flotante narra la historia de Danny Boodmann T. D Lemon Novecientos (sí, es una sola persona), hijo de inmigrantes que nació en un gran barco y del que nunca bajó, no conoció lo que es pisar tierra firme pero a cambio, aprendió a tocar el piano para volverse el mejor músico.

Ya adulto y sabiendo dominar el pieno a la perfección, Novecientos es retado a un duelo en el que un famoso músico, déspota y grosero, intenta opacarlo con la canción Finger Braker; por su parte, el protagonista decide combatir con una pieza tan difícil que él se lleva las ovaciones comparando su actuación como dinamita. Irónicamente, el final del Virginian está próximo cuando se decide que debe hundirse precisamente con esos explosivos.

Con la intimidad que otorga la Sala Novo, el entorno era perfecto: la tormenta se soltó justo minutos antes de que empezara la obra y fue un efecto natural que daba ambiente a la ciudad que flotaba en medio del mar. La música, los efectos de audio y la simpleza del espacio permitían que los asistentes tuvieran mayor contacto con la historia, que se conectaran con las circunstancias y que a la vez tuvieran sentimientos nostálgicos y a la vez hermosos, creados con cada pieza de jazz que se escuchaba.

Una guitarra y un acordeón nos envolvían con sus notas para pasar de un espacio a otro y de una situación a otra; por momentos parecía que la Sala Novo adquiría dimensiones mayores gracias a la música y los sonidos.

Fue con estos grandes apoyos que entre risas y algunas lágrimas, Dulce y Enrique desmenuzaban la vida de Novecientos para demostrar que la vida es muy corta, pero no significa que no se pueda vivirla intensamente; que el nacimiento no marca la manera de vivir pero que siempre llevaremos en nosotros partes de los lugares que nos vieron crecer y que “estás verdaderamente jodido si no tienes una buena historia y alguien a quien contársela”.

Una ciudad flotante fue una producción de Camino Abierto Teatro y Eloy Acosta Hernández. Por el momento no se tiene bien definido en qué teatro pueda presentarse una segunda temporada, sin embargo, estaremos ansiosos de volverlos a ver cuando así lo decidan.

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